MAXIMO LAURA
Por Alfonsina Barrionuevo

La mano regordeta del niño de Yuraq Yuraq empuñó los ovillos como si fueran para jugar. Su padre, don Miguel Laura, lo miró complacido. Era el retoño de un árbol maduro que recibió la esencia de su savia. La hojita que creció adosada a él absorbiendo su sabiduría. En el mismo Huamanga, en un lugar bendecido por la mano de Dios y de los Wamalis creció fuerte Máximo Laura, tejedor, pintor y orfebre de tramas y urdimbres con herencia de milenios y visión de futuro, resultando como sus hermanos parte de la economía de la familia.

Al pie del cerro Picota el cielo se arremolinaba sobre la cantera de blanquísima piedra, para ver como el arco iris jugaba a las escondidas entre las hebras de algodón, oveja y alpaka de los frazaderos. Por 1920, antes de que se fragmentara en barrios, Belén, Santa Ana y otros, las frazadas cheqche de Yuraq Yuraq tenían una fuerte demanda.

Su padre quiso que Máximo abandonara el oficio para ser un profesional, aunque era su qoribarreta, “su bastón de oro”. No sabía que este hijo, nacido casi al final de sus largas experiencias, porque lo tuvo con medio siglo tatuado sobre los huesos, sería un chankay, un parakas, un muchik renacidos en las cuerdas vibrantes de sus dedos, tras un salto de milenios. No sé como serían ellos pero tiene su piel tostada por los soles de las ocho regiones, el dominio de sus colores, de sus formas, de la dinámica de su entorno o su quietud. No es un tejedor. No lo veo como tal. Máximo es un artista que usa como instrumento el telar para provocar una revolución masiva de ideas en la realidad de los hilos.

Es un pintor porque sus tapices son cuadros extraídos de la naturaleza con los caprichos que ella puede tener y el orden que él puede dar a cada cosa hasta en los degradeés. Es un orfebre porque está usando las tecnologías del manejo del oro y la plata como el cincelado, el anillado y el ensortijado entre otras. Esfuerzo que imprime a su telar una fuerza avasalladora para seguir las ordenes de su mente y su corazón logrando un acabado total.

La condición mágica del Ande que anima cada paso que da sobre el telar aumenta el valor de sus obras. Su padre fue músico dentro de la trilogía violinista-arpista-bailarín de tijeras.
Parecería por las tijeras que su origen fue español. Pero el danzaq, gala o villano, es prehispánico y la armonía de los metales conque alumbra su ritual es arrancado del interior de piedras que al ser entrechocadas simulan un sonido de metales.

El violín de don Miguel se identificó también con otros géneros que iban creando en Máximo sinfonías que trasladaría al telar. De hacer dúo con Tani Medina, fue integrante de los legendarios Morochucos y acompañó a Ima Sumaq cuando la llevó Moisés Vivanco a Ayacucho. Máximo habla con admiración y cariño de su padre que sabe Dios cuántas cosas más sabría que no me las puede decir en unas horas de conversación, absorbidos por espantar los ruidos de la megaurbe y pasar por encima de ellos y de ella que ha urbanizado sus cerros para encontrar aquellos puros puntales del infinito, Apus, Awkillos, Achachilas, Hirkas, Orqos, Wamanis y Wamalis.

Su qechwa se puede trasladar al inglés con la misma facilidad del castellano, porque ha transitado por varios países. Total, se cree que el arte es ciudadano del mundo, que no tiene identidad, y me da risa, porque no es así. Cada célula humana tiene impreso un nombre. En el nuestro: Perú, Andes del Perú, yo los amo porque siento que soy vuestra, desde sus montañas que se acuñan en mi corazón hasta los ríos que palpitan en mis arterias.
Máximo me cuenta que camina hacia el abstracto como si quisiera dejar caer la cáscara del figurativo. Creo que quiere transformar más que nunca sus tapices en altares de mar, banderas de vientos, huracanes de nubes, músicos extendiendo las notas hasta el espacio, danzarines convertidos en pirotecnia de colores, peces en sombra de olas, aves barriendo los espacios.
En algún momento comenta que quiere ver en sus obras algo que le hable y cuando agrega que siente miedo al vacío parece que me hablara un chavin. En los últimos años ha participado en bienales, trienales, exposiciones colectivas y también en individuales donde siente su arte más suyo.

Reconoce a los ancestros pero no ignora que es un hombre nuevo, contemporáneo de este siglo flamante, que las tecnologías cambian así como la visión del mundo y de pronto tejerá con fibras de metal nuestras iconografías aunque las herramientas se transformen o todavía permanezcan. Eso es desarrollar. “No es una aventura entrar al abstracto, confirma, en el fondo los temas, los personajes, los animales, no desaparecen, sólo concentran un mayor mensaje, aprovechando el color y la nobleza de las fibras.”


 


La tapicería Lauriana: Barroquismo Andino

Para ser artista hay que ser obrero del arte, esto significa que se debe manejar con destreza el oficio y expresar con libertad las propuestas que formulan, pero sobre todo mostrar en la propuesta: personalidad, carácter e identidad. Máximo Laura ha pasado por todas estas exigentes etapas; como artista ha logrado conjugar: la expresión textil y la obra de arte en un oficio visual fascinante de hilos y colores, de formas e imágenes de temas y contenidos. Un signo de identidad milenaria transmitida, recogida y asimilada por él, teniendo como resultado una obra trascendente, atemporal y auténtica en el medio artístico tanto local como internacional. De todas las artes del Perú son los tejidos que preservan en el tiempo una función ritual y simbólica en sus representaciones, y que hoy apreciamos en las diversas localidades de la zona andina. Si bien primero la textilería fue vínculo de espacio de negociación e intercambio hoy forma parte de la identidad e idiosincrasia cultural de los pueblos, a través de ella se convierten en instrumentos de comunicación, de valores culturales y estéticos, éstos fueron transmitidos a través de la práctica familiar y reproducidos por las comunidades en donde es el tejedor el que impregna un sello definitivo a la prenda elaborada.

Desde que se iniciara -su infancia- en el aprendizaje de la trama y la urdimbre en su Ayacucho querido siempre estuvo asistido por su padre Don Miguel. Ha estado permanentemente construyendo su propio lenguaje textil, un lenguaje visual moderno y equilibrado, cuidadosamente elaborado, ha construido imágenes que forman parte hoy de la arqueología iconográfica peruana. La tapicería lauriana constituye hoy no solo hermosas composiciones de arte sino fuente de inspiración, recreación y emulación, modelos estéticos a seguir para los jóvenes que se inician en las nuevas expresiones del Arte. En ella se aprecia el cromatismo andino de la urdimbre, -fusión de personajes recreados por la febril creatividad del maestro humanguino-.

En sus obras el romanticismo raigal del artista visual-tejedor lo conduce al BARROQUISMO ANDINO del sustrato existente que lo envuelve, lo atrae y obsesiona, transformándolo en fragmentos multicolores de gran formato: diseña, contrasta, degrada, ilumina, agrega, quita, cose, recose, zurce, invierte y revierte. Todo le es permitido, sus composiciones se iluminan a través de hilos de colores: ocres, rojos, azules, tierras, grises, etc. Las escenas lo constituyen figuras de personajes fraccionados así como animales, plantas, paisajes etéreos y símbolos del pasado; creando alrededor una áurea de magia como lo dimensiona en espacios armónicos de brillantes colores en unos y monocromáticos en otros. Es un mundo ideal, irreal, ilusorio, mágico, cautivador como debe de ser el mundo del arte.

El reconocimiento de su obra es un hecho, y la aproximación a la diversidad textil nos lleva a contrastar de los tejidos populares a las obras artísticas que observamos, no se trata aquí de bolsas, fajas, chullos ni ponchos ni cualquier otro modelo de indumentaria sino de composiciones estéticas más atrevidas y de una mayor exigencia intelectual. El juego textil no es más la ilustración popular, sino imágenes concebidas para transmitir sentimientos y valores que trascienden a la naturaleza de la técnica misma, en donde las formas se enlazan, se entrecruzan, se adhieren, se parchan se bordan, se tiñen y se reinventan en cada espacio permitido; un lugar en donde las imágenes dialogan entre si transmitiendo su encanto de armonía feliz al espectador.

Víctor Salvo – Perú
Escritor, pintor y crítico de arte.


 

OFRENDAS: MÁXIMO LAURA

En el Perú contemporáneo, Máximo Laura es un artista de primer orden que desafía las categorías. Su imaginación se despliega con intensidad en la preparación de composiciones de gran ambición formal y superlativo impulso decorativo que dan lugar a una singular interpretación al momento de la ejecución material. Usa el telar para dar cuerpo a estas composiciones y producir tapices de cromatismos deslumbrantes en los que quedan conjugados la tradición de la textilería andina y la opción experimental y lúdica del creador que actualmente desde la plástica actúa sabiendo que el ejercicio de su libertad radica en abrir nuevas posibilidades así como en re-plantear y re-significar lo ya familiar y conocido.

Descontada la excelencia técnica de su trabajo, su obra es netamente una visión de autor: constituye una poderosa afirmación de la relación entre el habitante peruano y la naturaleza que inspira y moldea en individuos en el seno de una comunidad, aquella sensibilidad que luego de ser trabajada y afinada de mil maneras da frutos reconociblemente culturales. Para hacerlo este artista ayacuchano recurre a menudo a presencias de personajes que se originan en el rico acervo de mitos andinos y amazónicos. En sus tapices la imagen puede llegar ser sobrecogedora por la representación del mundo y de las vidas que se agitan en él, y que son presentadas como la mayor riqueza que contiene, trátese de una selva o del fondo marino, de los aires o de las montañas. Su propuesta artística aporta concretamente una actitud defensora de la vida en diferentes hábitats nuestro país, que se viera desangrado y desgarrado profundamente hace menos de dos décadas.

Resulta obvio que él se ha formado, como todo creador de tejidos, en medio del trabajo colectivo que colorea la atmósfera de un taller; en su caso, fue en la intensidad y rigor del trabajo del taller de su padre que se hizo artífice. Es en lo referente al horizonte plástico contemporáneo que su obra alcanza, sin embargo, que Máximo Laura es casi enteramente autodidacta, si bien es cierto que conoció y aprendió a concebir el tapiz como arte plástica gracias a Kela Cremaschi a inicios de los años 80 en Lima (la gran lección aprendida de la artista argentina es la búsqueda de la tridimensionalidad a través de texturas o relieves). No ha pasado por una formación académica en arte, estricta y continua, y la plasticidad que caracteriza a su obra la ha ido desarrollando a través del tiempo. Es mucho lo que ha adquirido gracias a su gran poder de observación y su voluntad de experimentar, al tomar como modelo el ejemplo de la obra visual de distintos artistas plásticos contemporáneos de la actualidad.

El arte del tapiz es un arte milenario cuyo esplendor se dio en Europa –muy aparte de los maravillosos florecimientos en otras partes del planeta–, en paralelo al desarrollo de la pintura mural y antes de que apareciera, hacia 1400, el óleo como medio privilegiado del pintor. El tapiz medieval y del Renacimiento temprano fue una de las formas más elevadas de dominio cromático, plasticidad figurativa y maestría compositiva en la historia del arte europeo. La ambición de los artistas tejedores influyó claramente en el desarrollo y comprensión de la narrativa alegórica y metafórica que luego heredarían los pintores que ofrecían su arte a palacios, iglesias y conventos de la cristiandad. A partir del siglo XVI, al quedar ya claramente ubicado como un arte menor, su presencia e irradiación cultural declinaría salvo por brotes súbitos y extraordinarios, que sin embargo, no quedaron cohesionados en una tradición continua. Fue en el siglo XX que se produjo una revaloración del tapiz, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando empezaron a aparecer grandes eventos internacionales consagrados a él.
Debemos, sin embargo, admitir que este hilo conductor nos toca solo tangencialmente porque en la historia de las formas artísticas propias de lo que es hoy el territorio que llamamos Perú, el tejido tuvo el lugar más prominente y ha permanecido así en el mundo andino.

Máximo Laura, próximo ya a cumplir los cincuenta años, se halla en una encrucijada fascinante, entre la tradición originaria y la postmodernidad, y de ella deriva la potencia de su propuesta. Lo paradójico es su ubicación en el contexto de las artes visuales en el Perú. Fuera de nuestras fronteras ha sido internacionalmente aclamado como artista del tejido desde hace más de dos décadas. Sin embargo, en el ámbito cultural nacional su trabajo no tiene igual difusión y por ello su obra sigue siendo una creación artística apreciada en todo su valor principalmente por grandes conocedores y entendidos locales.

Con Ofrendas, muestra consagrada al arte de Máximo Laura, el Museo del Instituto Riva Agüero celebra tres décadas desde que fuera creado, y a todas luces nos propone una oportunidad inmejorable de aproximarnos ampliamente el arte de este importante artista peruano.

Jorge Villacorta Chávez – Perú
Crítico de arte y curador independiente de arte contemporáneo

Lima, octubre de 2009

 


MÁXIMO LAURA: SINCRETISMO CULTURAL DE LAS FIBRAS

Desde épocas pretéritas todas la culturas que han hoyado este territorio que hoy llamamos Perú. Se distinguieron por ser excelsamente textiles. Todas la técnicas susceptibles a ser realizadas con las manos se trabajaron en las antiguas culturas.

El tejido circular a telar todavía es posible verlo entre los matse, que nosotros conocemos como mayorunas. No hay noticias del uso de esta técnica en otros sitios del Perú. Si bien este un breve ejemplo, muchas de las tecnologías prehispánicas han entrado en desuso.

Pero de todas las culturas, la más exquisita en el ramo textil fue la de los Wari, cuya capital estaba asentada en las cercanías del actual pueblo Quinua, en Ayacucho. Ninguna otra cultura llegó a la perfección de sus tejidos, resaltaron más en técnicas del tapiz.

Muchos tejedores Ayacuchanos, con preferencia los del barrio Santa Ana, han tomado la propuesta de proseguir y mejorar las técnicas textiles utilizadas desde hace mucho tiempo para tejer frazadas, también llamadas cameras, que eran comercializadas por los arrieros de Carmen Alto. La mejora es ostensible, pero es más, con utilización de tintes naturales, han alcanzado un alto nivel.

Pero de todos ellos hay un joven tejedor de tapices que se ha ido cultivando individualmente, Máximo Laura. Su padre Miguel Laura es un distinguido tejedor, por eso es que Máximo Laura, su hijo, desde su cuna vivió en el ambiente textil, por eso no es raro que sea un magnífico tejedor. Es común que los que dominan y perfeccionan en un oficio o ocupación sean los hijos que han heredado de sus padres el oficio.

Pero la perfección de la técnica, hay que alimentar el espíritu y tener una buena formación intelectual. Al conversar con Máximo, uno se da cuenta que no solamente es tejedor, sino que se esta ante una persona de sólida formación, su paso en la Escuela de Bellas Artes de Huamanga, sus estudios de literatura en la Universidad de la mismo ciudad, cimentaron su formación y le dieron la solidez necesaria, por eso es que sus cartones de diseño para sus tapices, son obras pictóricas que podrían colgarse en cualquier sala de exposiciones pictóricas, por su composición acertada, de hermoso cromatismo y envueltos en hermosas gamas – de los que el prefiere los cálidos rojos y carmines- .

Pero hay otro aspecto que también es sumamente importante y ese es el tema, aunque que debemos advertir que este siempre debe ser un pretexto para realizar unaobra, Máximo, lo toma de una manera indagatoria , procesándola inquisidoramente, con la que logran un acertado sincretismo cultural, acercando dos mundos tan disímiles pero que siempre nos une como un lazo invisible que siempre tratamos de encontrar los que constantemente nos hacemos la pregunta ¿Quiénes somos?, ¿hasta donde vamos?.

Roberto Villegas Robles – Perú
Pintor, crítico de arte y experto en arte popular.

 


MAXIMO LAURA: DE FIBRA Y COLOR

Máximo Laura, nacido en las entrañas de la cultura Wari, hereda la tradición estilística de los antiguos cumbicamayocs. Lo practicó desde niño ante la atenta y sabia mirada de sus padres y abuelos Ayacuchanos, maestros tejedores. Con una trayectoria de primer orden y con un bagaje de hermosas piezas, Máximo es uno de nuestros tejedores más importantes, no solo ha introducido en los tapices y tejidos la iconografía de nuestraspasadas culturas,sino que también ha podido fusionar con maestría, la fibra y el diseño, tres aspectos estratégicos en el arte textil.

Investigador respetuoso de los colores genuinos de nuestro antepasado, ha podido ubicar y desentrañar algunos secretos del color y de sus fibras. Pero en lo que destaca sobremanera es en el manejo del diseño. Máximo no se ha detenido en la acción directa y personal del tejedor junto a su telar. Para el no es un desenvolvimiento de la acción directa, es un rompimiento de orden conceptual de manejo del tejido.

Laura pinta sin pintar, ejerce el dominio de sus códigos que van acoplándose al espacio de esa composición de fibras que se enlazan mágicamente al conjuro de sus formas.

Un tejedor-pintor, por su forma técnica de crear. Sus diseños son trabajados con una maestría innata, tanto en las formas como en los colores. La conjunción de culturas precolombinas se hermanan y hacen al final, un tramite de “Ópera omnia”.

Máximo Laura, es lo que podríamos decir el “tejedor de la ruptura”, el que va más allá de la misma concepción textil. Sus tapices serán piezas, al estilo de lienzos. Sus códigos no serán repetitivos, ni se dispondrán en un orden geométrico, sino que apelarán a la dinámica de sutemática. Lo mismo que una pieza pictórica. Sus pinceles, al final serán sus propios dedos, los hilos y cordones, sus potes de color y su tetar será su cómodo caballete.

Máximo tiene muchas historias que desentrañar, tiene gritos de guerra, canto de montañas y corajudas aves y felinos que pueblan su mente, desde aquellas veces en que se desenvolvía sus Interrogantes en los libros de historia, en las leyendas y los mitos escuchados en las voces de los abuelos.

Es un rebelde innato, nada lo detiene frente a su fiebre creadora. Como los ojos del felino para divisar, como el vuelo del ave para mirar los horizontes o como el alma de las montañas para cobijar los colores de la naturaleza, Máximo realiza su tarea con la energía del andino enclavado en su propio sino.

Tiene sus propios dioses, sus propios fantasmas y sus infaltables guerreros en turba desenfrenada. Clarinadas, voces de vientos, crepúsculos de fuego y horizontes de fibras de mil colores. Color y forma de la urdimbre que parecen obedecer a la fuerza de su urdidor, verdadero brochazo al tejido, rompiendo las reglas del sentido del lloque y descubrimiento de mágica conjunción.

Un valor preponderante en el acabado de sus piezas, es indudablemente; el color. Cada fibra tendrá un valor cromático riguroso. Los tintes, sus gamos de colores tienen una historia especial, un trabajo científico de revaloración de miles de años.

Máximo Laura hoy por hoy, representa ante los ojos de entendidos y profanos el artista que ha sabido conjugar el presente con el pasado. Un legado social que viene de generación en generación de muchos peruanos que como él, no se detuvieron ante el avasallaje de otras culturas, sino que supieron, con su creatividad, hacer más grande y rica esa herencia, cuya fuerza telúrica, no podrá nunca ser detenida.

Víctor Escalante – Perú Artista Plástico.

 


EL POETA QUE TEJE
El Perú es cuna de artistas Por milenios La búsqueda del espíritu eterno de los Andes ha inspirado a muchos de ellos, entre los cuales Máximo Laura, poeta tejedor ayacuchano, es uno de sus más esforzados y creativos exponentes contemporáneos.

Y es que el tejido es un Arte mayor cuando quien lo realiza entreteje su sentimiento con los hilos de colores con los que se dibujan e integran en una misma obra los ideales propios con los de su Pueblo.

Investigador y experimentador Incansable, innovador prolífico, Máximo ha buscado en el potencial del telar ayacuchano un lenguaje propio, coqueteando y sintetizando técnicas y estilos de otros orígenes, y en ésa búsqueda se ha sumado al concierto de la peruanidad, dotando de infinitud y universalidad a una técnica que en nuestro país es solamente reconocida como artesanal.

Efectivamente, su obra ha vuelto ha imprimirle el sello de arte tejido tradicional dotándolo de modernismo, ha fusionado destreza, calidad, creatividad y conciencia cultural interpretando el espíritu de la época, siendo reconocido con éxito en mercados y Galerías de Arte especializadas de otras partes del Mundo, representándonos con toda la magia de su estética vibrante…

Al contemplar su Arte es imposible no evocar nuestra identidad. Del color claro al
claroscuro, de los diseños modulares a la plasticidad de los espirituales del Ande, Máximo ha logrado mestizar el tejido y en ésta innovación ha sabido mantener vigente sus raíces, aquellas que nos unen a todos a quienes amamos y respetamos nuestra Tierra y conservamos nuestros símbolos ancestrales recreándolos al ritmo de cada tiempo presente.

La obra de máximo va más allá de los hilos. Como Maestro, Máximo siembra tejedores en todo el país, que pronto, cual arco iris multicolores brotando de sus manos, darán nuevos e inesperados frutos para llenar de grandeza y belleza nuestra cultura viva y para continuar llenándonos de orgullo de formar parte de una nación grande y milenaria.

Máximo Laura, Tejedor ayacuchano, hacedor permanente, es un ejemplo de lo que en ¡as Artes se puede alcanzar al recobrar la memoria de milenio. y asumir el orgullo de ser uno mismo y de ser comunidad a la vez, por ello mi homenaje a su obra es el reconocimiento a la peruanidad que sustenta su espíritu creador…

Zadir Milla Euribe – Perú
Arquitecto, investigador de Diseño Andino Precolombino.

 


LA TAPICERÍA DEL TIEMPO

Cada tapiz de Máximo Laura está impregnado de historia ancestral del Imperio de los Incas, rescatando la estirpe de una civilización cuya grandeza y sabiduría los colonizadores españoles no consiguieron destruir.

Su arte tiene raíces ancestrales asumidas como un deber de honor: el de preservar la memoria de una de las culturas más avanzadas de América Latina, que fue diezmada por invasores extranjeros, que impusieron a los sobrevivientes de la masacre otro sistema social, otro idioma, otra religión.

En esa dimensión la tapicería de Máximo Laura es un proyecto de resistencia cultural, una luz encendida en el túnel del tiempo que devuelve a nuestros ojos un pasado fascinante, tan ricos en mitos, símbolos y conocimientos técnicos que hasta hoy sorprende arqueólogos, antropólogos e historiadores.

No se trata apenas de arte folklórico, Máximo Laura reinventa la iconografía andina, con formas y técnicas actuales, buscando una síntesis plástica de figuras y geometrías que hablan de dioses, fenómenos celestes, arquetipos universales e integración con la naturaleza.

Sus tapices renuevan las informaciones visuales de una civilización única en su expresión histórica – e inolvidable – por su elevación espiritual.

El artista parte del mismo manantial que alimentó, de generación en generación, las fibras y los sentimientos de los “Intipamakim” que iniciaron el arte de tejer hace tres mil años en las mágicas alturas andinas. Sin embargo, él sobrepasa el tradicionalismo por el uso consciente y espontáneo de todos los elementos necesarios para el producto final: herramientas, materiales y accesorios. Inventa nuevas técnicas productivas y explora posibilidades cromáticas inéditas. De esta manera, él pasa de las raíces andinas al pleno dominio técnico para llegar a la libre creación, a la construcción de poemas ópticos que legitimizan su arte como auténtico, pro fundo y personalizado.

El oro que sus manos producen es más que un talento artístico, es una visión consiente del tesoro solar de los Incas que él erige como un farol en la noche sin treguas de nuestra América Latina.

Mario Margutti – Brasil
Crítico de arte.

 


SUBVERTOR DEL TAPIZ

Máximo desciende de una ilustre prosapia de, artesanos huamanguinos. Es hijo de Don Miguel Laura, un virtuoso del tetar; quien le enseñó el oficio cuando aún era niño; en un principio de manera obligatoria —para que contribuya al sostenimiento del hogar— luego, le tomó gusto y su vocación se definió.

El que llegaría a ser el futuro subvertor del tapiz nació en 1959 en Belén, tradicional barrio huamanguino de arrieros, artesanos y músicos. El famoso huayno “Belén patapi’ es una de las muestras de lo que es esa barrio en cuanto a creación artística.
Máximo es producto de esa fuente de creatividad; para él, repetir un proyecto o un diseño es perder tiempo y menospreciarse a sí mismo. En ese sentido, las piezas que elabora son únicas. Aunque sin proponérselo, concuerda —en cierta medida— con el mercado, pues éste obliga a la búsqueda y a la renovación con la consiguiente elevación de las cotizaciones.

Su anciano padre, quien le enseñó a tejer no quería que continúe con el oficio para evitarle la pobreza. Al terminar sus estudios secundarios, debía estudiar en la universidad. En 1978, Máximo vino a Lima desde Huamanga. Ingresó a la Universidad Nacional de San Marcos Como le gustaba la creación poética. se matriculó en literatura. Obligado por la necesidad de mantenerse en Lima con recursos propios y por las escasas oportunidades de empleo. Volvió a hacer lo único que sabia: tejer tapices.

Desde la tapicería tradicional huamanguina, Máximo evoluciona hacia la tapicería contemporánea y universal de tendencia escultórica. En sus trabajos experimentales, de búsqueda, por encontrar nuevos cromatismos y texturas llega a lograr un objeto volumétrico, tridimensional.

Con Máximo el “tapiz” no se circunscribe a un determinado plano o superficie; rompe con el mareo y el ‘tapiz” es desprendido de su adherencia a la pared, ampliando el campo visual del observador. De esta manera subvierte lo que hasta ahora se ha denominado tapiz. Para lograrlo, liquida ¡a infraestructura del tejido: la urdimbre vertical y la trama horizontal y toda la gama de puntos del tejido llano, obteniendo formas volumétricas. Pero, ¿cómo lo hace? Es casi imposible explicarlo. Es como explicar la magia. Falta un sistema de notación no sólo para registrar, sino para transmitir los conocimientos e instruir. Máximo tiene su propio sistema de notación personal; pero resulta criptográfico o cabalístico.

Las piezas se comienzan a tejer por cualquier parte, dependiendo del diseño; en algunos casos se empieza del centro. Se emplean tramas curvas que se levantan e ingresan curvas que después van a ser desechadas. El hilo con que se empieza a tejer es de urdiembre múltiple; liberando dos hilos del plano, se empieza a levantar una capa y así sucesivamente se van levantando más capas. La granulación se gradúa o distribuye según la disposición de la urdimbre en el espacio. Esto se logra, por agrupación, división o reducción: variando en grosor y tensión, etc.

En el proceso del tejido se vale ingeniosamente de tensores auxiliares que sólo sirven un momento y después se desechan, no siendo incorporados a la obra. El acabado no tiene una señal ostensible, no se nota dónde empieza y en dónde termina; solamente está determinada por el espacio en donde se inserta la obra. En cuanto a la utilización de telares, apela a la técnica mixta, es decir, a la técnica de alto y bajo lizo.

En su búsqueda de nuevas formas expresivas y en su afán de darle salida a la fuerza vital que bullía en su interior. Se encontró con la prodigiosa tapicera Argentina Kela Cremaschi, a quien considera su maestra. Se podría decir que tan sólo la vio tejer diez minutos, pero fue suficiente para reorientar su búsqueda y encausar todo sus trabajos experimentales. De ella tomó la granulación de gran dimensión, propio de la expresión mural. Kela no le enseñó a tejer, sino le señaló un rumbo.

Con su férrea voluntad y paciencia logró superar sus limitados recursos. Tanto económicos como técnicos. En su búsqueda creativa llegó a descubrir constantes en la conformación de los diseños de las culturas Chancay y Chimú; recreo dichos diseños, popularizándose los tapices con gansos entrelazados y los patos Chanchán. Luego del dominio de herramientas, recursos, técnicas y cromatismos propios del oficio, se aventura a subvertir —como buen Ayacuchano— el orden establecido del tapiz.
Antonio Rengifo Balarezo – Perú
Escritor y sociólogo.

 


CANTOS CEREMONIALES

Asistimos a los “Cantos Ceremoniales” de Máximo Laura, uno de los inspirados artistas del Perú contemporáneo. A él le ha sido dado, como un misterio celosamente guardado por los padres ancestrales de la cultura peruana, el poder de volver a bordar con urdimbres delicadas y sutiles el rostro divino que se dejo contemplar por las antiguas civilizaciones de su patria.

Cuando el sabio Julio Cesar Tello mostró al mundo los mantos de Paracas, descubriendo el velo del misterio oculto en las áridas arenas de la península de Santa Elena, la cultura universal debió inclinar su frente anta la maravilla, luego continuada por las hábiles tejedoras de las pampas de Nazca, o siglos después por los que cubrieron a los difuntos Mochicas o a los seores de Chancay.

Una tan distante escuela textil atravesó intacta los umbrales del tiempo; asombro a los conquistadores españoles ante los ataviados jerarcas incaicos y por su proeza de dar más puntadas por centímetro cuadradazo que cualquier otra del mundo. Así, el arte plumario colmo cuanto la imaginación pueda alcanzar.

Felicito a Máximo Laura por traernos este regalo que ha llevado su nombre por distintas latitudes del mundo. E rostro de su pueblo, inmortalizado en piedras alabastrinas, se ha visto reflejado en él, hijo amado del espacio en que los Huari ejercitaron su temerario valor.

Su propio apellido, LAURA, lo explica todo: es gloria, belleza y sabiduría, mientras que su nombre, MÁXIMO, le da el título que merece.

La Habana, 12 de enero 2010

Eusebio Leal Spengler – Cuba
Historiador de la Ciudad de La Habana

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